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 Reinos de Shirion

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Itharyel
Heraldo del Destino
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MensajeTema: Reinos de Shirion   Mar Oct 18, 2011 5:02 pm

Muchos son los reinos que han nacido y caído en Shirion a lo largo de la Historia, aquí se resumen aquellos más relevantes y se irá ampliando poco a poco.


Reinos Humanos:


-Desierto Blanco de Vrakán: las estepas heladas del norte de Shirion albergan en sus extensiones una comunidad de los más fuertes entre los seres humanos, los miembros de las salvajes tribus del norte, son hombres y mujeres cuya fuerza y valor son temidos en todo Shirion, no obstante son conocidos cazadores de Sierpes en todo el mundo y sobreviven al frío y al viento, en un lugar en donde pocos seres lo harían.

Las tribus de los norteños no suponen un reino en sí, dado que cada una tiene sus propios líderes y costumbres y en pocas ocasiones se han organizado en contra de un enemigo común, más bien todo lo contrario, luchando entre sí por el control de algún pedazo de hielo donde la caza sea especialmente abundante. Sólo ha quedado constancia de una ocasión en la cual las tribus se unieron bajo el estandarte de Drakan, un mestizo por cuyas venas corría la maldición de las Sierpes Blancas, y que logró reunir bajo su bandera a las demás tribus para acabar con la amenaza de una Sierpe especialmente sanguinaria que había acabado con la vida de innumerables cazadores y poblados. Cuando la Sierpe cayó y su sangre cayó sobre el cuerpo de Drakan, se esperó que fuera el líder que llevaban esperando siglos. Todo hacía creer que sería así, y de hecho, se firmaron acuerdos para que Drakan fuera el Caudillo de las tribus, pero sin explicación ninguna, el bravo bárbaro desapareció de la noche a la mañana, e inmediatamente los líderes de cada tribu quisieron atribuirse el título de caudillo para sí, por lo que comenzaron de nuevo las disputas por las tierras.

Con el paso del tiempo, las tribus perdieron más que ganaron con esa decisión y ahora viven como cazadores, tanto de Sierpes, bestias o “hermanos” de otras tribus, siempre vigilando el desierto blanco, mientras viven en cuevas o improvisados poblados que intentan resistir el adverso clima como pueden.


-Reino de Ereon: es un reino cuya tradición militar ha dejado profundas marcas en su tierra y su gente. Antaño asediado constantemente por el Imperio Ra`hog, levantó fuertes, murallas y torres de vigilancia por toda su extensión.


Ahora, múltiples ruinas se extienden sobre las doradas praderas propiedad del rey del Bastión del Colmillo, hogar ancestral de los señores de Ereon, y al mismo tiempo hogar de los Caballeros Lobo, el regimiento que logró resistir hace tanto tiempo los embates del Imperio Ra´hog. Las gentes del reino suelen dedicarse a la tierra y a la ganadería, sobreviviendo como pueden en un lugar que no posee grandes riquezas, pero sus gentes lo suplen con honor y valor.
Nobles guerreros han partido desde siempre de este reino, llevando su peculiar justicia por Shirion, enseñando que unos pocos siempre pueden vencer a muchos, si cuentan con el valor suficiente para hacer frente al miedo.

Los edificios de oscura piedra grisácea, sustituyeron a la madera tan pronto como los invasores comenzaron a incendiar los hogares de los Ereonars, y en la piedra se encuentra grabado para siempre, el rigor de la guerra, pues en cada uno de estos edificios existe un pasadizo secreto, almena, o cualquier uso militar.

Las pacíficas gentes de este reino, miran desde entonces con desconfianza a todo aquel que se acerca a sus fronteras, intentando tener el menor trato posible con los extranjeros, que no son expulsados del país, pero si vigilados de cerca por los guardias lobo.

Las infinitas praderas de pasto verde son cortadas por múltiples afluentes del río Rual, los cuales bajan de las Montañas Colmillo, que bordean la cara norte del país.


-Reino de Lasuam: sumido en mitad del desierto del mismo nombre, en el emplazamiento de un oasis ahora seco, se levanta la ciudad dorada de Anera, erigida como un lugar de placer y descanso para los viajeros que cruzan el desierto. Las enormes murallas que rodean la gran ciudad esconden tras sus muros campos de cultivo, traída la tierra de lejanos lugares para sustituir la seca arena y poder sembrar con garantías de que algo verde nazca en aquellos baldíos parajes. Además, hermosas fuentes y parques hacen pensar a uno que quizás no se encuentre realmente en mitad de un desierto. El enorme palacio de arena, es el hogar del Senescal, un hombre elegido de entre toda la población, más por simpatía que por el valor real que pudiera atesorar como Senescal, por lo que es común que hombres carismáticos pero inútiles en el poder se han alzado en el trono. Lástima que la costumbre hiciera que el título fuera vitalicio.

Las gentes del desierto de Lasuam son de una exótica piel broncínea, con un irremediable aire de desconfianza hacia todo el mundo que no traiga oro a sus tierras, pues no abunda ni el agua ni la comida, como para mantener a alguien que no trae algo interesante al reino. El placer está servido en el reino, y la seda, el vino y las mujeres, son gusto de cualquier hombre cansado en el desierto, con ganas de gastar algunas monedas.

Los ejércitos de Lasuam son expertos en el uso de armas ligeras, como sables, picas, lanzas y alabardas, acompañadas por armaduras de la misma categoría, realizadas con el cuero de los Taré, unas bestias cuadrúpedas que sobreviven en el desierto alimentándose de los cactus y del musgo que crece en las numerosas cuevas que existen a lo largo de todo el desierto en las escarpadas montañas, además el reino apenas cuenta con caballería. El dorado color de los suntuosos edificios de la ciudad como de las armaduras del ejercito cumplen como cometido confundir la vista de aquel que no conozca los secretos del desierto.

Lasuam guarda con recelo el agua que le brinda el desierto, intentando salvar los pocos oasis con los que cuenta, y rescatando toda el agua posible de las cuevas que existen en las montañas de la Cordillera Dorada, tras las cuales se abre el mar. Lasuam consiguió en su momento abrir una ruta comercial marítima con un puerto de un tamaño aceptable en la ciudad costera de Laam, pero el comercio con la capital es muy difícil pues hay que atravesar las montañas a través de grutas subterráneas en las que muchos hombres se han perdido.


-Reino Insular de Asdar: inmerso en el Mar Azur, el archipiélago de las Keosh, fue antaño un lugar al cual los Ra´hog acudían frecuentamente para asaltar a sus pobres gentes y robarles hasta el último grano de cereal. Cuando un joven muchacho llamado Asdarian se alzó entre sus congéneres para demostrarles que no debían de temer al enemigo, que debían luchar por su tierra y por sus familias, logró que las gentes de prácticamente todos los poblados del archipiélago se le unieran para hacer frente de una vez por todas al enemigo. El ejército que reunió el joven muchacho no era el más versado en la lucha, ni el mejor equipado, pero si el que tenía más coraje. Tras el desembarco de las naves del Imperio Ra´hog, los soldados invasores no esperaban una defensa como aquella y pronto huyeron de las islas, con la promesa de regresar con más tropas.

Y así fue. Asdarian, como comandante del ejército de las Keosh, preparó a sus hombres para la lucha, ordenó que se forjaran armas y defensas para todos y cada uno de ellos con el poderoso metal que yacía en sus montañas, y juntos dejaron de ser campesinos y marineros para convertirse en una máquina de guerra. El combate que llegó entonces fue brutal, cayeron cientos de ambos bandos pero al final los insulares vencieron. Desde aquel día, las Keosh fueron libres de cualquier opresión y todo atacante fue repelidad con inusitada efectividad. Ahora, son muchos los que acuden a las islas en busca de formación militar o para aprender de su estrategia. Asdarian se erigió como un monarca para su gente, pero al igual que otros tantos, pasado un tiempo, desapareció. No obstante, las gentes de Asdar honraron su memoria levantando un país fuerte y autosuficiente, con justas leyes y un ejército permanente.

La orografía de las islas mezcla altos acantilados que miran constantemente al mar, con las extensas praderas y pequeñas cordilleras en las zonas centrales de las islas, de las cuales nacen arroyos más o menos largos que llegan al mar. La ganadería, agricultura y pesca, junto con la creación de armamento y armaduras forjadas con la Keoshita, el metal que esconden las montañas en su interior, son las fuentes de ingreso. El reino apenas cuenta con edificios de más de una planta, siendo el palacio real y el gran Consejo, los únicos.


-Sianmar: Bajo la atenta mirada del Rey Corsario, las tierras bajo la bandera de Sianmar son un lugar en donde la pesadumbre es la forma de vivir. Las peores almas de Shirion han encontrado desde la fundación de la ciudad el lugar perfecto para dejarse llevar por sus peores instintos y vicios, pues la ley del Rey no es otra que "cada cual es dueño de sus palabras y de su espada", haciendo alusión a que si eres capaz de decir una cosa, deberás ser capaz de defenderte de las represalias. No obstante, aunque esta ley es algo "difícil" de entender, no hay que sorprenderse de que un pirata piense así.

La ciudad entera y las tierras que la circundan, son el escondite perfecto para cualquier fugitivo, asesino o ladrón, buscado en cualquier reino, a la vez que es el lugar idóneo para contratar mercenarios con la falta adecuada de moralidad, necesaria para ciertos trabajos. Sus puertos, rebosan con los botines de los piratas y corsarios que surcan muchos de los mares de Shirion, escapando de las flotas de tantos reinos, que no se atreven a asaltar Puerto Negro, por las defensas que Sianmar ha colocado para su defensa. Evidentemente, todo barco que quiera acogerse a la seguridad de Sianmar, ha de pagar un tributo, bastante elevado en torno al 40% de las recaudaciones de cualquier botín, y de un 60% si es el propio rey el que financia el viaje.

Sus tierras son todo lo fértil que pueden ser, con los pocos cuidados que se les proporciona, pues pocas gentes honradas se pueden encontrar en este lugar, y mucho menos, aquellas que quieren dedicarse al cultivo de la tierra. Tierras de un color grisáceo, salpicado con numerosas colinas de verde pasto, y los acantilados que protegen la ciudad de cualquier invasor, rodeadas por una enorme muralla, en cuyo interior, el palacio del rey se erige como bastión del pillaje en Shirion.


-Adalor: el otrore orgulloso reino de Adalor se levanta al norte de la Cordillera de los Vientos, y es el hogar de un linaje largo de reyes, que encontró entre sus hijos, la mancha de la corrupción, hasta tal punto que por pura avaricia, decidieron lanzar un ataca contra la mística ciudad de Korian, en lo alto del monte Arel, un ataque que exterminó casi por completo una milenaria estirpe y con ello, su cultura.

Las gentes de Adalor son personas tristes, con el pesar muy profundo en sus corazones, pues la ayuda que reciben del rey, es más bien poca, pues éste no les ayuda contra los bandidos, ni les proporciona la ayuda necesaria para que la economía sea sostenible, por lo que cada uno en Adalor ha de mirar por sí mismo. Por su parte, el rey se cubre con el oro robado a los Ar-Phaeren, hasta el momento en que sus primos lucharon contra Adalor y recuperaron todo lo posible. Por ello, las gentes pobres de Adalor temen a su señor, a la vez que intentan escapar de allí, a sabiendas que en cualquier otro lugar no tendrán un hogar siquiera para cobijar a sus hijos.

Las minas que el reino posee en las montañas cercanas a la Cordillera de los Vientos, podrían darle al país un nuevo aire de grandeza, pero apenas existen los medios necesarios para tal empresa. La tierra fértil, casi no da fruto, por una maldición o algo peor, piensan las gentes, y hasta la caza es pobre en esas tierras oscuras en donde prácticamente la mitad del año, el sol se oculta tras las nubes.
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