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 Shirion, La Creación del Mundo

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Itharyel
Heraldo del Destino
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MensajeTema: Shirion, La Creación del Mundo   Mar Oct 18, 2011 5:13 pm

La Creación del Mundo


Cuentan los recuerdos de las entidades más ancianas, la leyenda de la creación del mundo, y el nacimiento de los primeros de entre aquellos que se hacían llamar los Inmortales.

Eones atrás, cuando el Universo era joven, cuando nada existía a excepción de un vacío insondable, un ser de infinito poder nació en la inmensidad estelar. Era una entidad suprema pues nació del mismo Universo, y formaba parte de el, Él era el mismo Universo, su nombre era Q´ael.

Durante incontables eras, Q´ael, vagó por el Gran Vacío, sólo, pensativo. Grande era él sin duda alguna, mas no era feliz, pues sólo se encontraba, nadie con compartir su saber, sin nadie cerca con quién poder hablar. Fue entonces, cuando su consciencia decidió que la hora de abandonar y dejar atrás esa soledad, había llegado.

Mas antes de que sus hijos abrieran los ojos por vez primera, debía crear un lugar en el cual pudieran vivir. En ese momento, su gran poder creó una enorme esfera de roca en el Gran Vacío, moldeó entonces el hogar de sus hijos. Poco después, cuando sus pies tocaron la tierra a la que había dado fora con sus propias manos, el desánimo hizo presa de Q´ael, pues en aquel lugar no existía nada, salvo tierra infértil por doquier, y nada era lo que verían sus hijos al nacer.

Entonces, se alzó sobre los cielos de su creación, y con sus propias manos, abrió sus venas para que su sangre se derramara por aquella tierra baldía. Aquella tierra gris que antes lo dominara todo, alimentada por la sangre de aquel ser, fértil se volvió.

Así se crearon los mares y los océanos, los ríos y los lagos.

No obstante, aún mucho quedaba por hacer, y la oscuridad lo ocupaba todo, evitando así que la obra de Q´ael, pudiera ser contemplada en todo su esplendor. Con sus manos desnudas, cogió aquella misma tierra que poco tiempo atrás hubiera hecho fértil, y apretándola con tal magnitud, que fue convertida en mero polvo. Luego, extendiendo sus manos hacia el cielo, hacia el Gran Vacío, sopló con fuerza, haciendo que esa tierra, abandonara aquel lugar, siendo esparcida por todo el cosmos. Durante unos minutos, nada aconteció, mas enseguida, uno a uno, aquellos fragmentos de tierra, comenzaron a brillar con fuerza, creando formas e iluminando así, la bóveda celeste del mundo por vez primera.

Las estrellas habían sido creadas.

Pero por mucha luz que pudieran emitir las estrellas, parecía insuficiente a los ojos del Creador, que si bien se encontraba gozoso de la hermosura de su creación con tan poca luz, creyó oportuno que sus hijos pudieran disfrutar de la luz y la oscuridad a partes iguales. Recogió la luz de las estrellas en dos orbes, las dos Lunas del mundo que estaba creando, que llamaría igual que a sus hijos y llenó otro orbe del fuego que ardía en su corazón, cuyo nombre era el suyo propio, lo que todos llamarían como Sol. Y alternó el momento en el que cada uno arrojaba su luz sobre la tierra, para que sus hijos pudieran disfrutar de la belleza de las estrellas y la oscuridad.

Y las noches y los días, surgieron pues.

Y aún así, con todo lo que había creado, mares y tierra, estrellas y lunas, el mundo seguía inerte, sin vida, como si hubiera muerto antes de nacer. Las aguas no se movían, el viento no soplaba. Triste ante tales acontecimientos, Q´ael, abrió su creación con sus manos, llegando a lo más profundo de la misma, al mismo centro de aquella esfera azul que se encontrara entre las estrellas. Fue entonces cuando decidió dotar al mundo de vida, para que los ríos llevaran su canción por doquier, para que el viento meciera los cabellos de sus hijos. Con sus propias manos, abrió su pecho, y separó un fragmento de su propio corazón de su cuerpo. Ese fragmento, fue depositado en el suelo, y poco después, el sagrado hálito de Q´ael, hizo que prendiera en una llama blanca, la Llama de la Vida. Enseguida de que esta llama prendiera por vez primera, el mundo, comenzó a temblar durante unos segundos, para que poco después, Q´ael, escuchara con satisfacción, el mecer de las aguas en las playas, el arrullo del viento en las más altas montañas, el respirar del mundo, el latir de su corazón. Y allí mismo, en donde la llama se encontrara, creó un hermoso recinto, un templo para que la llama se encontrara cómoda y no se apagara jamás, pues el día en que eso aconteciese, todo el mundo se extinguiría, y la vida, desaparecería. Cuando el Creador, volvió a la superficie, su gozo no podía ser mayor. La tierra otrore gris, se encontraba ahora verde y fértil, las aguas crearon olas, y la nieve se encontraba en las más altas cumbres. El mundo que había creado para sus hijos, estaba listo para verlos nacer, el Hogar de los Dioses, había sido terminado.

Así nació Shirion.

Con el mundo terminado, Q´ael, creyó que la hora en la que sus hijos debían ver su creación, había llegado. Con sus manos, moldeó la tierra con gran delicadeza, ayudándose del agua del mundo, dejando reposar a las dos efigies al viento. El Creador decidió, que si bien existía la luz y la oscuridad en Shirion, así deberían de ser sus hijos, un ser de luz y un ser de oscuridad, para que el mundo que les había sido brindado, no estuviese desequilibrado. Y así fue, como decidió que su hijo A´lhal dormitara durante siglos bajo la atenta mirada del sol, y como Canek, descansara bajo el amparo de la oscuridad en lo más profundo de la tierra. Y entonces, justo en el ocaso, en el momento en que tanto la luz como la oscuridad se funden en una, introdujo en el pecho de sus dos hijos, un pequeño fragmento de su propio corazón, al igual que hizo para crear la Llama de la Vida. En ese instante, las carcasas de piedra se comenzaron a resquebrajar, una emitiendo una luz dorada y cálida y la otra una luz oscura y fría. Cuando la piedra cayó, dos seres comenzaron a dar torpes pasos, dos seres idénticos, salvo por el aura que los envolvía.

Y así nacieron A´lhal y Canek, los hijos de Q´ael.

Pero en sus sueños la mente del Creador seguía trabajando, imaginando, creando. Despertó agitado, y subió a la montaña más alta del mundo el Alto del Creador, y en su cima se lamentó, porque ninguna criatura podía vagar por el mundo que con tanta dedicación había creado, sin pensárselo dos veces, se arrodilló y cogió un puñado de tierra virgen en su mano. Apretó lentamente su puño, y sopló con su hálito vital sobre ella. Cuando abrió la mano, una pequeña criatura había nacido. El ave se irguió, e impulsándose con sus alas, alzó el vuelo, surcando la oscura bóveda terrestre. Pronto toda suerte de criaturas hermosas recorrían Shirion, y el Creador fue feliz por un tiempo. Sus hijos recorrían Shirion a su antojo, regocijándose por la hermosura de aquello que padre les había brindado.

Siglos pasaron en los que los hijos de Q´ael vagaron por Shirion admirando la obra de su padre, venerando su poder, y así sintieron que la faltaba algo a la gran creación. Acudiendo ante su padre, A´lhal y Canek rogaron a su progenitor que culminase su tarea, que crease otros seres, inteligentes y poderosos, hermanos y hermanas de los dioses que pudiesen como ellos admirar tan hermoso regalo y ser merecedores de la tierra que pisaban.

Q´ael miró al vasto mundo que se erguía a sus pies y tras escuchar atentamente los ruegos de sus hijos decidió a su pesar acceder a sus peticiones. Tomó de nuevo tierra y agua y las fusionó una vez más, entonces miró a sus hijos y partiendo la materia en dos la puso en sus manos sin decir palabra alguna. Cinco entidades menores surgieron por cada hijo del Creador, así lo decidieron los hermanos, puesto que el equilibrio entre luz y tinieblas debía mantenerse.

Y así vieron la luz los dos primeros nacidos, tras A´lhal y Canek, sus primogénitos, vieron la luz a través de los ojos de sus padres otorgándoles enorme poder y un sólo deber, custodiar bajo su mirada la Llama Blanca, el total dominio de la Arcana sería su Don, junto a la inmortalidad.

La maleabilidad y ambición fueron los rasgos distintivos de los segundos nacidos, concebidos por la mentes de los dos dioses supremos para ser ambiciosos e inteligentes, destinados para grandes tareas, mas siempre quedarían a la sombra de sus hermanos mayores.

El tercer par traería consigo los tambores de la guerra a Shirion, guerreros forjados por los brazos de ambos dioses, fuertes y obstinados su progenie, los Dakern y Ra´hog, que pisarían con fuerza las verdes praderas y las duras montañas de Shirion y que darían forma a la misma piedra y metal que el Creador había puesto sobre el mundo.

Las bellas hermanas, las primeras hijas de A´lhal y Canek, mecidas por la voz de ambos dioses, cuidarían de la naturaleza mientras que su contrapartida levantaría volcanes y destrucción.

Y por último arrancando los deseos de su corazón dieron la vida al último par de gemelos, Canek creó a un oscuro ser y le dio la tarea de apagar la luz de la vida de los seres mortales que poblaban la tierra y A´lhal creó a una pequeña diosa, la menor de entre sus hermanos, aquella que fue llamada por la llama para extender el hálito de Q´ael por la tierra.

Los hermanos se miraron orgullosos, sus hijos eran sabios, bellos y fuertes, decidieron que era hora de presentarlos ante su padre mas Q´ael nunca los recibiría, el corazón del dios supremo se encontraba apenado, pues siglos después de que sus primogénitos pisaran por primera vez Shirion, cayó en la cuenta que aquellos primeros intentos de crearlos, de aquella tierra santa que moldeo en los primeros intentos y que desechó, nació su tercer hijo. Un ser neutro, sin sexo ni rostro nacido del descuido de Q´ael.

La solución al terrible descuido del Creador, llenó su corazón de tristeza y pesar, de un dolor como pocos se pueden sentir, y no tuvo más remedio que encerrar a su tercer hijo, al cual no dio siquiera un nombre, en una prisón de tal poder que nunca sería capaz de atravesar sus muros desde el interior, a pesar de los enormes poderes que poseía. La balanza entre luz y oscuridad se mantuvo firme.

El pesar de Q´ael fue tanto, que abandonó su creación lamentándose de tan desdichado suceso, dejando atrás a sus hijos. Su desilusión crecía a medida que lo hacía el abismo entre los dos hermanos, a medida que sus dispuestas aumentaban y la separación entre luz y oscuridad era cada vez mayor. La guerra entre ellos pronto comenzaría y con ello un eterno enfrentamiento entre sus hijos y nietos y entre las razas mortales que habían creado los hijos de sus hijos y que estos actos quedarían reflejados en su obra.

Estaba cansado, muy cansado, así que se retiró a descansar del enorme esfuerzo que supuso la creación.

Y así Shirion, quedó huérfano...

Sin la guía de su padre, pronto los dos hermanos comenzarían un lucha que duraría eones. Las tropas de uno y otro bando luchaban con fuerza, y casi no había lugar para la victoria, pues donde uno avanzaba tenía que retroceder en otro lugar. El trabajo de Q´ael sin duda fue satisfactorio, pues pronto se pudo observar que la balanza estaba bien definida, y ninguno de los dos ganaría esa batalla por las artes tradicionales.

Las distintas castas de los hijos de la Luz chocaban sin cesar contra sus opuestos de Oscuridad, sin dar nunca un claro vencedor. Las forjas de los Dakern trabajaban sin cesar y las maquinaciones de los Ra´hog creaban armas aterradoras. Los comandantes Phaern no tenían forma de superar las fuerzas enemigas, al igual que los señores de la guerra Phear.

Los hermanos, conscientes de aquella situación, idearon en sus bastiones una forma, de ganar aquella batalla, intentando no hacer aquello que su hermano haría. Cuando cada uno ideó su plan, partieron a la batalla con sus mejores armas a enfrentarse en la que esperaban fuera la última batalla de aquella guerra sobre Shirion.

Antes de que A´lhal partiera de la Fortaleza de la Luz, uno de sus siervos, aquel que se le conocería como Itharyel, Aquel que ahonda en el Destino, se acercó y le advirtió que aquello que iba a llevar a cabo, traería un dolor nunca reparable y que el Destino de Shirion estaba en manos de los hermanos, y que nunca volvería a ser lo que era antes, si llevaban a cabo, aquello que estaban dispuestos a realizar. Ofendido ante tal afirmación, el Señor de la Luz, encerró a su siervo en una Cámara lo suficientemente poderosa, como para evitar que nadie lo sacará de allí nunca, ni que el pudiera salir de dentro. Y entonces partió a la lucha.

El combate fue atronador. Por todo el mundo se escuchaba el entrechocar de las armas de A´lhal y Canek, y la tierra sufría y se estremecía cuando uno caía al suelo mientras el otro lanzaba sus conjuros. La sangre de los hermanos se derramó y penetró profundo en Shirion, creando ríos subterráneos de Maraa Blanca y Negra, la Sangre de cada uno de los hermanos. Entonces, ambos hermanos miraros a su alrededor a sus tropas y decidieron pues llevar a cabo su golpe maestro.

Como reflejos de un mismo espejo, los hermanos comenzaron a ser envueltos por auras blanca y negra respectivamente y de sus labios la misma letanía surgía. Ambos habían tenido la misma idea, pensando que su hermano no llegaría a esa conclusión por extraño que pareciera. La misma maldición surgió de sus labios con una sola diferencia al final del conjuro. De la garganta de A´lhal nació Mothar mientras que Canek pronunciaría Ern, Oscuridad y Luz respectivamente.

De cada una de las dos entidades, una onda expansiva emanó llegando a todos los rincones del mundo físico de Shirion y de los bastiones de mando de cada uno de los hermanos. La Maldición, como fue conocida desde entonces, tuvo como efecto, al ser pronunciada por ambos hermanos, que todos sus descendientes perdieran el favor divino heredado del propio Q´ael, perdiendo la inmortalidad, y los rasgos distintivos de cada uno de una u otra manera. Hasta los hijos de los hermanos sufrieron una enorme pérdida de poder, pero las bajas fueron incontables y el dolor por perder el don divino, mayor aún entre las castas de uno y otro lado, que quedarían desamparadas por siempre.

Semejante acto de poder, no pasó inadvertido para Q´ael, que se presentó de inmediato en el lugar donde había acontecido todo. Furioso con sus hijos, triste por lo que le habían hecho a la tierra que con sus manos creó, en donde los mares ocupaban espacio donde no les correspondía, en donde montañas hermanas se encontraban separadas por kilómetros de océano. La misma Llama Blanca prendía con una Luz muy débil, ante semejante afrenta.

En aquel momento, el Creador asumió las responsabilidades, y partió de aquel lugar y sus hijos desaparecieron con él. Nunca más se volvió a tener constancia de ellos en Shirion, y sólo los segundos creados, recuerdan aquellos tiempos, en los que su poder era casi infinito, mientras ahora, a pesar de ser las más poderosas entidades que quedaban en el mundo, su poder era una parte ínfima de lo que fue en su momento. Antes de partir, Q´ael se acercó a la cámara donde su hijo había encerrado a aquel que le advirtió del terrible mal que estaba a punto de llevar a cabo, y liberó al ser que en su interior se lamentaba por no haber podido vislumbrar el futuro con mayor claridad. El Creador, le bendijo con la misión de vigilar el Destino de su creación, cuando el no estuviera, intentando mantener la línea natural del mismo.

Los supervivientes de aquella contienda, lamentaron la pérdida de sus dones, y relegados a una vida mortal por culpa de la maldición, comenzaron a extenderse y poblar el mundo, quedando atrás los tiempos de cooperación entre las castas de ambos lados, mirando cada uno por sus propios intereses y supervivencia.
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