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 Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad

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Itharyel
Heraldo del Destino
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MensajeTema: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Sáb Oct 22, 2011 12:27 pm

Introducción – El reposo del Viajero


Shirion está sufriendo... Cualquiera podría darse cuenta.

Las Cinco Hermanas han quedado arrasadas por una ola enorme. Enormes desprendimientos y avalanchas de tierra y hielo caen desde la Cordillera de los Vientos sobre los reinos circundantes.

La Guerra ha estallado ya en multitud de naciones, aquellas que antes eran hermanas son ahora enemigas, y nadie tiene claro el por qué de estas confrontaciones.

Shirion, El Legado de los Dioses, está enfermo, la misma tierra tiembla y se desquebraja, y ni siquiera lo más sabios pueden encontrar un motivo, una solución.

Pero aún, queda un lugar sagrado, enmendado a la paz y el reposo espiritual, un lugar en el que cualquiera que cruce su umbral es sabedor de que allí, no encontrará conflicto y que su mente y alma saldrán purificadas de aquellas estancias.

Ubicado en las estribaciones más al norte del continente sureño de Kron, El Sagrado Monasterio de Théor, bajo la sombra del imponente pico del mismo nombre, coronado por nieves perpetuas y nieblas estacionarias. Allí, el clero de diversas religiones y culturas se dan cita para encontrar la paz espiritual, además de para intercambiar sabiduría y encontrar consejo a la par que ofrecerlo. Es un lugar distante de los conflictos del mundo, pues allí, a pesar de impartir una instrucción marcial muy estricta, son mal vistos todos los actos de violencia y agresión.


Feldaran

La disciplina monástica es algo que pocas personas son capaces de comprender y menos de llevar a cabo. Los monjes son personas completamente extrañas en un mundo en dónde la espada y la magia tienen el control de reinos enteros. Pero los monjes son personas que unen a la perfección cuerpo y mente, de manera que cuando no se encuentran en armonía, su poder disminuye, pero eso es algo que en pocas ocasiones sucede.

Durante largos años un joven muchacho, rescatado de la muerte, aprendió a apreciar la vida y seguir las enseñanzas largo tiempo olvidadas de los dioses. Un joven muchacho que aprendería que la Luz puede vencer la oscuridad y que los dioses seguían en el mundo, seguían en Shirion, observando a sus hijos y cómo éstos debían de honrarles.

Las estaciones iban pasando, el niño se convertía poco a poco en un hombre fuerte y capaz de salir ahí fuera en busca de aquello que ha sido escrito para él.

Pero por muchas estaciones que pasaran, Feldaran no conseguía el armonía completa... Cada noche de cada día durante todos los años de su vida desde su niñez, rememora la fatídica noche en la que unos asaltantes Haedron acabaron con su familia sin piedad alguna. Para él, era en ocasiones, preferible no dormir con tal de no ver una vez más el rostros de sus padres desencajado, en el suelo, empapado de sangre, mientras las risas de los asesinos ensordecían el lugar.

Han pasado dos largos años durante los cuales Feldaran, hijo de Feldar, ha recorrido el continente de Kron, en su búsqueda de los padres de las razas mortales, en una búsqueda que el mismo sabía que sería difícil por no decir imposible, y sus mentores en el Monasterio de la Luz así se lo recordaron.

Ciudades, poblados y caravanas, han visto como Feldaran meditaba y se dejaba guiar por ese instinto que lo acompañaba y lo hacía especial, pero su búsqueda no daba fruto alguno.

Su siguiente destino era la Sagrada Ciudad-Estado de Eltria, en la coste noroeste del continente, pero su camino divergió hasta los enormes portones de madera de sauce del Monasterio de Théor, allí podría descansar y renovar sus fuerzas para continuar su viaje, allí podría dar reposo a su mente, atormentada por las continuas pesadillas que amenazaban su reposo.


Gael Than

Sangre...

Muerte...

Una y otra vez ese susurro invade la mente de Gael Than, un susurro que trae consigo actos deplorables, actos que en otro tiempo, en otro lugar hubieran pesado sobre sus hombros como una carga tan pesada que ni siquiera podría levantarse de la cama.

Pero esos tiempos han pasado.

Cuando el joven isleño terminó de vestir la Kurushimi no yoroi, su destino volvió a escribirse ese mismo instante.

Obligado a tomar el primer navío que saliera del Imperio Zhi Xing, Las Tierras de Esmeralda, por el asesinato del maestre del Clan Hiao, huyó de aquel lugar en el que durante tanto tiempo se sintió como en casa, de una manera que nunca había podido conocer en su propio hogar en Nessantia.

Tampoco podía volver a Asdar, su cabeza tenía un precio y sabía que nada más poner un pie en alguno de los puertos del reino insular, traería consigo más cazadores de recompensas que cuando se ofreció una sustancial suma de monedas por encontrar con vida al desaparecido Asdarian.

Su navío, por azares del destino o por efecto de la Sierpe Celestial, echó anclas en el puerto comercial de Suresh, al este del continente de Kron, relativamente cerca de las Asdar pero lo suficientemente lejos como para pasar desapercibido. Allí, sirvió de mercenario para los Archyos durante un tiempo, facilitando el tráfico de información y escoltando a poseedores de valiosa información de aquellas criaturas mitad hombre mitad tigres de las estepas.

Pero como todo en su vida, tarde o temprano se torció y los miembros del Clan Hiao dieron con Gael más pronto que tarde, por lo que recogió sus pocas pertenencias y partió de Suresh tan rápido que casi no dejó rastro. Casi, porque con el se llevó la vida de aquel que le había dado cobijo durante meses, al tratar de impedirle que se fuera y que intentara negociar una solución pacífica.

Sed...

Nunca cesaban esas ansias de volver a observar el último hálito de un ser vivo antes de morir. Gael Than era consciente de lo que ocurría, y aunque quería detenerlo, algo se lo impedía, algo le decía que eso era lo que realmente le gustaba.

En su camino, muchos perecieron bajo su espada y pocos bajo Ten no Ryu, pero como siempre ocurría, necesitaba más.

En un alarde de fuerza de voluntad, sus pasos lo condujeron al monasterio de Théor, dónde reposar entre aquellas murallas sagradas, dónde intentar apaciguar, al menos durante un tiempo, sus deseos de muerte.


Az-Goriath Naal´shun


Nacer en un tiempo equivocado es en ocasiones un error...

Han pasado casi diez mil años desde que la Maldición de Al´hal y Canek cayó sobre sus hijos, y desde entonces, los Phaeren perdieron todo su estado de gracia. Sus cuerpos dejaron de ser intangibles, dejaron de ser criaturas de luz.

Hasta hace veinte años...

Nadie podía creérselo. Desde la Sagrada Eltria llegaron los más reconocidos sabios de todas las familias Phaeren, llegaron magos de las más lejanas tierras. Todo para ver, en persona, aquel portento, aquel prodigio que traería consigo una nueva era de esperanza para los antiguos comandantes, una era de gloria que devolviera a los Hijos de la Luz su otrore condición de elegidos por los dioses.

Una farsa, una burla. La familia Naal´shun tuvo que cargar con la condición de embusteros durante largos años a causa de algo que varios habían presenciado.

Az-Goriath de la en otro momento notoria familia Naal´shun trajo consigo más desgracias que alegrías a sus allegados. No sólo por las circunstancias de su nacimiento, sino por su forma de ser, sus actuaciones, su ser en sí mismo. Había mucho de extraño en él, cosas que nadie podía comprender y que prácticamente todos habían olvidado.

Dentro de sí, el joven Phaeren se notaba distante, vacío, extraño. Como si no perteneciera a esa época de la historia. A sus jóvenes veinte años ya podía manejar la arcana como muchos Phaeren de cuarenta y eso es algo que a todos desconcertaba. Sumado a su falta de emociones o sentimientos, provocaron que su padre buscara la forma de conservar o por lo menos simular, que tuviera alma.

En los antiguos escritos de Eltria se encontraba el extinto código que regía a los Caballeros de la Luz, una antigua orden de caballeros Phaeren que lucharon en la Guerra de Sangre en el Imperio de Eilar milenios atrás. Tras hallar este código, lo mostró a su hijo, para que lo hiciera suyo y lo interiorizara, ésto le permitiría conservar aquello que nos provee de nuestro ser, de nuestra magia. Nuestra alma.

Con el código como norma, ahora es deber de Az-Goriath buscarse a sí mismo, descubrir quién es él realmente, para en un futuro, prescindir del código, para siempre.

Sus primeros pasos lejos de su hogar, lo llevan no muy lejos, a poco más de dos semanas a caballo, hasta un famoso monasterio, en cuyas paredes se cuentan que se puede encontrar la paz interior y descubrirse a sí mismo. No es una mala opción comenzar por ahí la búsqueda de su propio ser.
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YerayNG
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Sáb Oct 22, 2011 2:31 pm

Az-Goriath Naal´shun

Admiro los enormes portones de madera de sauce. Observo el gran templo, construido para convertirse en el hogar de la paz y los dioses. No siento nada, ni si quiera el desprecio que deben sentir los dioses ante tal mediocridad. Mi mente recuerda los antiguos edificios que debían servir de hogar a los dioses, perfectas creaciones en todo su conjunto, obras que mis ojos no han visto, pero que mi corazón parece sentirlas. Recuerdos...¿Acaso solo puedo sentirme vivo a través de ellos?

Olvido. Pienso en el código. "El camino se muestra oscuro, casi invisible, pero has de caminar con convicción, dejando que tu corazón te aleje de la oscuridad y de paso a la luz" Recuerdo. Pienso en la noche que compartí con aquella caravana. Pienso en como salvé la vida de aquel niño, reduciendo casi a cenizas al bastardo que intentó reducirlo, saben los dioses con que motivo. (Durante la noche, unos bandidos asaltaron el campamento, huyeron al ver como los ojos de Az-Goriath se iluminaban, cegándolos. Al recuperar el sentido de la vista, adquirieron rápidamente el sentido del temor, pues uno de sus hombres había desaparecido, dejando tras de sí un despojo de carne quemada, irreconocible). No sentí lástima, no sentí verguenza, pero reconocí el asco en sus miradas. Reconocí el temor, no hacia los que hacía los miserables que hacía unos instantes reían, se burlaban, y les hacían daño. Me temían a mí, me odiaban a mí, el que les había salvado. No les culpo. Debieron ver en mí el reflejo de la frialdad, de la indiferencia, el reflejo de un monstruo carente de alma.

Vuelvo al presente. Noto la brisa. Nada que pueda identificar como frío o calor, ni si quiera, como agradable o no. Tan solo una señal que mis brazos desnudos llevan a mi cabeza. Tan solo mis delgados cabellos ondeando con suavidad y el sonido de las ramas agitandose y las ojas revoloteando. Respiro profundamente.

"Más nunca se ha de olvidar, que matar no es deshonroso cuando el efecto de tu acción es favorable al resultado de la inacción". No siento consuelo. En parte debido a que no siento culpa. Olvido. Que facil es olvidar. Me vuelvo a sumir en la oscuridad. No la oscuridad que parecen sentir los demás, aquella que les arrastra a hacer actos deprorables, a asesinar, a violar, a arrancar todo lo que es bueno de este mundo. No. Mi oscuridad es diferente. Más negra, más absoluta, más... silenciosa.

Mis manos rozan la áspera madera, dudan, se detienen en seco. Detecto pisadas a mi espalda. No me preocupo. No siento miedo, ni si quiera interés en saber de quien se trata. Mi mente vuelve a trabajar. ¿De verad he de encontrarme en este lugar? Ojalá no te equivoques padre. No por mí, lo sabes. Aunque no lo siento, creo saber que te debo algo. Que serías feliz si me vieses cambiado, si vieses en mí alguien a quien amar. Espero que me perdones... Mentira. No lo espero. Una idea en mi cabeza dice que debería hacer algo para reconfortar el daño y la verguenza que te causé a ti y a tu esposa.

Finalmente me giro. No necesito mirar para conocer su aspecto. Mi magia ya me ha informado. También detecto que rebosa esencia mágica. Es un humano, bastante corriente, bastante vulgar. Un bulto al hombro, una extraña arma en la mano. Sin duda un guerrero. Mi mirada se cruza con la suya. Observo su brillo opaco, la mirada de un hombre solitario. La mirada de un hombre que conoce el dolor, en su ser, y en el de otros. La mirada de un hombre que ha matado y no siente remordimientos por ello.

Interesante. Mi mente olvida el templo, se centra en el humano. Diferente, muy diferente, pero no tanto como los demás. ¿Lo detecta el también?. Me doy cuenta de que estoy intrigado. Mi cuerpo no se ha movido, nada en mí lenguaje corporal muestra emoción alguna. Sonríe, sabe de mi escrutinio, sabe que intento verlo no a traves de su cuerpo, sino a través de sus ojos. Me pregunto si podrá leerlos, como yo ahora leo los suyos.


Última edición por YerayNG el Dom Oct 23, 2011 11:47 am, editado 1 vez
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Zerberus
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Sáb Oct 22, 2011 4:10 pm

Mientras el sol se asoma tímidamente por el Este me acerco a las puertas del Monasterio de Théor, con cada paso recorrido noto que el aire cambia, una brisa de aire fresco bendecido por el rocío de la mañana recorre mi cuerpo sucio y cansado. Cierro los ojos para disfrutar de ese momento, de ese lugar que lentamente me reconforta en cuerpo y alma mientras un grupo de pájaros regalan su canto al viento sobre las ramas de un cedro a los pies de un arroyo. Me acerco al arroyo y miro mi reflejo, introduzco mis manos en sus frías aguas y aseo lo posible mi cuerpo antes de entrar en ese sagrado lugar. Continuo caminando hacia mi destino, y el paisaje antes terroso se va tornando verde por la vegetación. Me recuerda al templo donde crecí, ese templo que abandone hace años en la búsqueda de un imposible.

A pocos centímetros de la puerta me paro, respiro profundamente y tenso mi brazo sobre ella para abrirla, al tocar la madera noto un escalofrió, algo ha pasado o pasara, noto como si una sombra se acercase y se desvaneciera ante la luz del santuario. Vuelvo en mi, y vuelvo a poner mi mano sobre la puerta para ver si esta abierta. No hace falta hacer mucha fuerza para mover el gran portón, atravieso la entrada y un grupo de personas se me quedan mirando, juntos las palmas de las manos e inclino mi torso en señal de saludo, ellos repiten el gesto y al fondo uno de ellos me invita a pasar con un gesto suave con la mano. El portón de cierra detrás de mi, y con él noto que las preocupación y miedos se quedan atrás.


Marco en negrita y subrayado las acciones que el master puede cambiar/quitar si así lo dictamina.
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Alsharak
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Dom Oct 23, 2011 8:57 am

Gael Than

Gael se despertó y sacudió su cuerpo, tratando de eliminar la rigidez del sueño de sus músculos. El frío de la noche casi había calado en sus huesos a pesar de estar envuelto en la manta, así que el guerrero se estiró lentamente, saboreando cada hueso que se colocaba en su lugar.

Al poco se encontraba realizando una serie de complicados movimientos, una suerte de danza en la que enlazaba un movimiento tras otro, golpeando y cortando a enemigos imaginarios. Ese ritual diario, lo que su maestro llamaba el Shu’on Dao, “Equilibrar el Ser”, que le servía tanto como calentar su cuerpo y mantener un buen tono físico, como para controlar sus turbulentas emociones y atarlas bajo un férreo autocontrol.

Finalizó sus ejercicios, y tras asearse brevemente en el pequeño arroyo que discurría al lado del camino, comenzó a guardar sus enseres. Abrió la mochila… y allí estaba, aguardándolo, como si esperara su llegada. Al instante los susurros en su cabeza se hicieron más intensos, la llamada del caos, la muerte y el sufrimiento.

Con una larga inspiración, Gael guardó la manta en la mochila, y los murmullos disminuyeron un tanto. Así, día a día, minuto a minuto, segundo a segundo, tenía que escuchar la llamada de la Armadura, de la Maldición que lo acosaba cada momento de su vida, esperando un fallo, un momento de debilidad, para apoderarse de su alma. Sujetó su pequeño carcaj y su arco a la espalda, junto con la espada de su maestro, y se echó el petate al hombro. En la mano izquierda, sujetaba la katana por la vaina. Ante cualquier contratiempo, podía soltar su equipaje y desenvainar en un instante.

Sus pasos lo llevaron hacia el Monasterio de Théor, al parecer, uno de los únicos remansos de paz que aún quedaban en Shirion. Quizás allí pudieran ayudarle a librarse de su carga. Sabía que era una posibilidad remota, pero a fin de cuentas, no tenía otro destino mejor.

A medida que ascendía por la colina que llevaba al Monasterio, Gael se percató de que alguien lo precedía. Un hombre alcanzó las puertas del edificio antes que él, un hombre que alza las manos para tocar los amplios portones de madera pero que, tras un instante de duda, se detiene y se gira hacia él, clavando sus extraños ojos, sin iris sin pupila, en los míos.

Gael sostiene el escrutinio estoicamente. Siente el sondeo, sabe que el otro, un ser de raza no humana, lo está analizando, y no puede evitar esbozar una sonrisa.

-¿Otro lobo solitario en busca de paz?
- Piensa el guerrero, un instante antes de señalar la puerta con su espada envainada, sin apartar su mirada de los ojos del otro.

- Saludos, viajero. Si no vais a tocar la puerta… ¿No os importará que lo haga yo verdad?
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YerayNG
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Dom Oct 23, 2011 11:58 am

Az-Goriath Naal´shun. Introducción Bis 1

Es osado. No aparta su mirada. ¿Es osadía o ignorancia? Desconozco si ve quien soy y no lo teme, o si no es capaz de ver más allá. Mi mente piensa rápido, pero me doy cuenta de que llevo 5 segundos sin decir nada. Mi magia detecta que está abierta. No significa que seamos bienvenidos. Me doy la vuelta y toco los grandes portones. Retiro la mirada. Su arma en la mano y el bulto al hombro para soltar con facilidad. Siempre alerta. No quiero que esto parezca una batalla de miradas. E iniciado muchas sin saber que lo hacía. Costumbres que no entiendo. Costumbres, las recuerdo. Inaceptable. He sido saludado, señal de hospitalidad o modales. No he correspondido. Vuelvo a girarme, sigue sonriendo.

- Saludos, viajero.

Suena frío, distante, falso, no soy capaz de hacerlo mejor. No entiendo la necesidad de estas tradiciones.
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Alsharak
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Dom Oct 23, 2011 9:55 pm

Gael Than - Introducción Bis

La mirada del otro viajero se alargó durante varios segundos más. Gael apretó la vaina de su arma, súbitamente preocupado de que aquel ser deseara luchar. No tenía miedo, hacía tiempo que había controlado ese temor, pero no había llegado hasta allí para luchar absurdamente contra un desconocido, a las puertas de un monasterio que prometía precisamente paz. Sería cuanto menos irónico.

Al final, apartó la mirada al tiempo que el viajero se giraba, y con voz fría le devolvía el saludo. Bien, era extraño, pero estaba acostumbrado a tratar con gente así, e incluso peores.

Así que, sin más dilación, se dispuso a entrar al templo.[b]
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Itharyel
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Mar Oct 25, 2011 1:18 pm

Turno 1 – Los Jardines del Sosiego

El Monasterio de Théor había albergado entre sus paredes a todo tipo de personas desde tiempo inmemoriales, allí más de un héroe de antaño concilio la paz entre su cuerpo y su mente y partió en pos de su destino. Bajo la falta de la enorme montaña, las tierras al sur de Eltria eran fértiles y extensas praderas que cada mañana brillaban ante un sol radiante que reflejaba las gotas del rocío de la mañana.

Ciertamente un aura extraña para todo aquel que se acercara al Monasterio por primera vez le embriagaba, un aura de paz que en pocos lugares de Shirion se pueden sentir. El camino que discurre entre un frondoso bosque en dirección Eltria hacia el norte y en dirección Suresh hacia el este, era seguro hasta hacía relativamente poco tiempo, pero el sendero que ascendía en dirección al Monasterio, poco concurrido era, y la vegetación crecía salvaje y la fauna no era temerosa aún del hombre.


Feldaran

Las pesadas puertas de sauce crujen súbitamente a la par que el joven Feldaran las empuja para dar paso a un amplio jardín, lleno de pequeñas lagunas artificiales donde multitud de peces de colores viven ajenos de lo que el mundo esta sufriendo.

Ante sus ojos, multitud de personas de diversas etnias y razas meditaban en silencio en aquellos lugar, levantando sólo la mirada para recibir al nuevo morador de aquellos lares, sin más saludo que una leve reverencia de la cabeza, para volver a sus pensamientos.

Feldaran se sentía como en casa, como en el lejano Monasterio de la Luz, y por un instante su mente se trasladó a su hogar, en las lejanas montañas, recordando viejas enseñanzas de sus mentores.

Mas pronto saldría de su ensimismamiento, el cual no pudo aclarar si duró diez segundos o una hora, pues una pesada mano se posaba sobre su hombro derecho, sacándolo del trance.

-Bienvenido viajero al Monasterio de Théor.- Decía una voz grave y pausa, como si el tiempo no pasara a su alrededor. - Dentro de estas murallas no has de temer nada mi joven amigo, has venido desde muy lejos y necesitas descansar.- Su voz resulta cálida, amable y mezclado con su mano sobre el hombro de Feldaran, le transmite inmediatamente una sensación de tranquilidad que hacía mucho que no experimentaba. -Mi nombre es Tarél, y soy el Prior de este sagrado lugar.


Gael Than y Az-Goriath

Durante unos segundos, las puertas del Monasterio de Théor presenciaron algo que no era muy común por aquellos lugares, la llegada de dos viajeros errantes en busca de algo que ni siquiera ellos mismos saben sin encontrarán jamás.

Un miembro de los antaño llamados Teaar, los ahora apodados Hombres y un Phaeren, llegaron a la par a las enormes puertas de Sauce. Allí, ambos se miraron fijamente durante unos segundos, el primero por si aquello conduciría a una confrontación, el segundo intrigado, esforzándose por aparentar algo que el mismo sabía que no formaba parte de su ser.

Gael Than, maldito tiempo ha por una armadura que nunca debió vestir, empujó con energía los portones que dieron lugar a un hermoso jardín. Allí, multitud de personas levantaron la cabeza en total silencio para observar qué nuevas gentes entrarían una vez más por el umbral que separaba el mundo de Shirion de aquel lugar, alejado de todo problema, alejado de todo mal.

Az-Goriath, confuso durante unos segundos por la actuación del hombre, siguió sus pasos envuelto en sus pensamientos y razonamientos, para contemplar aquello que muchas personas antes que ellos han contemplado.

Se encontraban en los Jardines del Sosiego, y el silencio sólo era roto por el sonido del agua que fluía en alguna fuente o el salto puntual de algún pez fuera del agua.

Durante unos segundos, ambos hombres, se quedaron ahí, parados, sin saber qué hacer y que decir. Envueltos en una tranquilidad desconocida hasta el momento para ellos.

Sin saber de dónde, un hombre alto, cercano al metro noventa de altura y anchos hombros, se deslizó hasta donde se encontraban los dos viajeros.

-Sean bienvenidos caballeros al Monasterio de Théor.- Su voz profunda era hospitalaria sin duda alguna. -En este lugar no necesitaréis de armas o malos pensamientos, pues la paz reina en cada rincón dentro de estas murallas. Soy el Prior de la congregación y podéis llamarme Tárel.
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YerayNG
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Jue Oct 27, 2011 4:48 pm

Az-Goriath Naal´shun. Turno 1.


Az-Goriath avanza tan solo tres paso, antes de volver a detenerse. Aunque su cuerpo no se inmuta, su mente se pone en guardia. En sus labios guarda las palabras de un hechizo, su tatuaje tiembla, inquieto. Una sensación extraña lo ha embargado tan solo cruzar las puertas."Imposible. Esto que llaman paz no puede ser real. Sea lo que sea, embarga todo mi cuerpo. El guerrero también se detiene. ¿Lo siente él también? ¿Lo aceptará simplemente o, como yo, teme que no sea más que un fraude? Cierro los ojos un segundo, me concentro, efectuo un sortilegio sencillo con un esfuerzo considerable, evitando que mi cuerpo desvele mis actos. Abro los ojos lentamente, con miedo a deslumbrarme por algún hechizo poderoso. En su lugar una bruma asola el lugar. Solo detecto un brillo fuerte, poderoso, oscuro, proveniente de la mochila del guerrero. No le doy importancia, pero lo tengo en cuenta para el futuro. Vuelvo a mirar a mi alrededor. El aire está cargado de algo que es, de alguna forma mágico. Sin embargo no es la magia que conozco, es algo más sutil, más antiguo..."

(Aquí tiene una visión del pasado, de algo que es posible ocurriera en esta misma tierra. Ya se darán más detalles.)

El cuerpo de Az-Goriath tiembla derepente, se convulsiona, hasta que finalmente cae de rodillas. De haber poseido iris o pupila, los que lo observaban habrían dicho que había tornado sus ojos en blanco. Cae sobre una de sus rodillas, sus brazos en cruz, temblando todo su cuerpo. Abre la boca derepente, y de ella se dispara un leve haz de luz, casi imperceptible y a la vez imposible de no ver. Pocos segundos despues su cuerpo yace sobre la tierra, aparentemente inerte.

Az-Goriath abre los ojos. Mira a su alrededor. Su mirada encuentra la de un humano, que parece estar limpiando algunas magulladuras de su cuerpo. El humano se percata del movimiento y busca con su mirada los ojos del Phaeren.

- "¿QUI... Quien eres?"

- "Buenas tardes. Un viajero, al igual que tú. Feldaran, del monasterio de la luz. ¿Y tú?"

Az-Goriath tose levemente. "¿Llevo mucho tiemop inconciente?" - Tan solo pasa un segundo, pero en la mente de Az-Goriath pasan muchos más, se da cuenta de su falta de modales. "Disculpadme, buenas tardes. Podeis llamarme Az-Goriath". Mientras hablaba, el humano había recogido una bandeja de una mesa, con algo de pan y agua, y se la había tendido a Az-Goriath.

El Phaeren tomó el vaso de agua, del que bebió, sin embargo rechazó el mendrugo de pan, al parecer sintiendo nauseas por tan solo pensar en comer.

- "No, no mucho, puede que una hora como maximo. Segun comentan los monjes del templo, te derumbastes nada mas entrar, muchos dicen que encontrastes la paz de golpe, otros que fue debido al cansancio... pero comentan algo de una luz que te paso realmente? - El humano se apoyó en el respaldo de su asiento, aparentemente intrigado.

- "Es dificil de explicar..." - El Phaeren dudó, como si no encontrase palabras, Feldaran parecio comprenderlo - "Bueno, no pasa nada, muchas veces, en sitios como este, es mejor no saber las cosas para poder encontrarse mejor a uno mismo".

- "Lamento no poder dar explicaciones. Os agradezco las molestias que os habeis tomado".

- "Si quieres te dejo descansar, en un buen rato se servira la cena, seria bueno que asistieras, aunque decidas no comer, pero el Prior y los demas estaran encantados con tu simple presencia"

El Phaerean se incorpora en el camastro, aparentemente algo recuperado - "De hecho me siento mucho mejor, creo que intentaré andar un poco"

- "¿Sabes como compartarte en estos sitios o prefieres que te ayude?"

- "Aceptaré de buen grado vuestros consejos" - El Phaeren se incorpora completamente, aparentemente recuperado.

- "Vale... digamos que salimos.. y mientras te enseño la forma de saludar, y te explico los diferentes tipos de meditacion/relajacion que hacen los demas, seguimos hablando. - Salen juntos de la habitación, recorriendo los jardines del templo - "Y dime Az-Goriath, ¿que te ha traido a este lugar?"

- "Imagino que... (una pausa) encontrarme a mi mismo. Supongo que debe sonar vulgar y corriente."

- "No es vulgar mi corriente que en estos tiempos en los que los Dioses nos han abandonado el encontrarse a uno mismo" - Az-Goriath congestiona de algún modo su rostro, al escuchar la palabra Dioses. Enseguida su rostro se torna frío de nuevo. - "Si, supongo que teneis razon. A veces se necesita algo sagrado en lo que creer." - Sus palabras parecen incomodar al humano.

- "Lo que necesitamos no es solo "algo" ( haciendo incapie en la palabra ) sagrado, sino una motivacion para seguir adelante, pues si no estas motivado, para que seguir viviendo. Uno decide hacer las cosas que mas le gustan, esas que les llena y reconfortan, aunque eso no siempre es facil, pues no hay llegar solo a la meta, lo importante es seguir, levantarse, aprender."

Az-Goriath se detiene un segundo, buscando la mirada de Feraldan. - "Disculpad si mis palabras os han ofendido. Y sí, teneis razon, a veces es dificil saber para que seguir viviendo" - Vuelve a caminar. - "Parecéis tener una voluntad de hierro".

- No te preocupes, se que no todos comparten mi vision del mundo, de hecho... solo 1 o 2 personas piensan igual que yo... y a esos se les llaman loco. Y gracias por tus palabras Az-Goriath, digamos que me gusta acabar lo que empeze, o eso que empezaron por mi " - Feraldan baja la voz y la mirada, haciendo una pausa y tensando los musculos. Respira fuertemente y comenta varios ejercicios, haciendo un esfuerzo por cambiar la conversación a un tono más alegre.

Tras varios minutos, Az-Goriath retoma la converzación. "¿Son estas las actividades cotidianas en un lugar así?"

- "En este sitio de lugares si... se cultiva el cuerpo y la mente, muchas veces sin moverse apenas o moviendonos lentamente. Son autosuficientes, pues el contacto con los mercaderes puede hacer perder la paz de estos lugares y convertir el mas sagrado de los templos en el mercado mas ruidoso de la comarca. ¿Alguna vez has meditado? ¿concentrarte tanto en ti que notas como se mueven tus organos internos y controlarlos como si fuese tus manos o piernas?"

- "Estoy acostumbrado a meditar, pero en otro sentido completamente diferente. "Supongo que podemos intentarlo."

Az-Goriath termina su ejercicio mucho antes. Por miedo a interrumpir algo que parece tan agradable para Feraldan (es obvio que sus sensaciones sobre la meditación son muy diferentes) decide marcharse a asearse un poco, esperando que no le moleste, más tarde se encontrarían en la cena y le daría una explicación.

Mientras camina, de vuelta a la habitación, piensa en la conversación. Se sorprende de haber hablado tanto. Obviamente muchas de las cosas que dijo no las sentía, la mayoría de hecho. Se esforzó por tener una converzación civilizada, ocultando su pesimismo interior. Al parecer había resultado de alguna forma, pues Fereldan no dio muestras de temer o desconfiar de su aspecto. Quizás haya sido buena idea acudir a este lugar.

Al cabo de una hora, quizás algo más, cuando comenzaba a oscurecer, se dirigió al lugar donde Feraldan le había indicado que se haría la cena. Esperaba encontrarse antes con el Prior, con la esperanza de pagarle o agradecerle de algún modo la hospitalidad.
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Alsharak
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Sáb Oct 29, 2011 1:30 pm

Gael Than - Turno 1
Cuando Gael Than abrió los portones de aquel monasterio, estuvo a punto de arrepentirse, simplemente por haber quebrado la tranquilidad y el silencio del lugar.

Sintió las miradas de los allí presentes, diseminados aquí y allá, sentados entre aquel paraíso llamado los Jardines del Sosiego. De repente, se dio cuenta de que llevaba varios segundos allí parado, así que avanzó hacia el interior, inspirando profundamente. La mezclada fragancia de la hierba, las flores, y algunos olores más que no supo identificar, inundó sus pulmones, y casi pareciera que lo purificara interiormente.

También se percató de que allí, los susurros de aquello que llevaba en su equipaje parecían disminuir. No sabía si en ese extraño lugar encontraría lo que buscaba, y estaba prácticamente seguro de que nadie podría librarlo de su maldición, pero sin duda, le sería más fácil vivir allí.

Una voz afable se dirigió a él, sacándolo de sus ensoñaciones, y cuando contempló al que le hablaba, vió a un hombre alto y de hombros anchos. Si antaño no fue guerrero, sin duda habría sido un digno rival, a juzgar por su físico.

-Sean bienvenidos caballeros al Monasterio de Théor.- dijo el sacerdote. -En este lugar no necesitaréis de armas o malos pensamientos, pues la paz reina en cada rincón dentro de estas murallas. Soy el Prior de la congregación y podéis llamarme Tárel.

Gael levantó el puño a la altura de su pecho, y lo cubrió con su otra mano, en el saludo tradicional entre los guerreros de oriente. Luego, se inclinó levemente en símbolo de respeto.

- Saludos, sacerdote, y gracias por la bienvenida. -
respondió el luchador. - Mi nombre es Gael Than, y sin duda, las armas no me harán falta en este lugar.
- Soy un viajero en busca de un lugar donde encontrar la paz interior, Sacerdote Tárel, y me gustaría ser acogido en el Monasterio. Si pudierais ofrecerme un lugar donde descansar…

Si el sacerdote le ofrecía un lugar donde pasar la noche, depositaría su equipo allí, y trataría de asearse. Luego, pasaría largas horas en “seiza” la postura de rodillas usada en las artes marciales, tratando de equilibrar y tranquilizar su turbulento estado interior.

Luego, buscaría algo de cenar junto al resto de residentes.
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Zerberus
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Sáb Oct 29, 2011 3:29 pm

Perdón por el retraso.

Camine junto a Tárel por los jardines del monasterio, durante el camino me estuvo hablando de las rutinas que seguían detrás de esos muros, no eran muy diferentes a las que había seguido durante gran parte de mi vida. Las construcciones no eran lujosas pero si dignas de admiración, pues se notaban que eran muy antiguas pero se conservaban como si fuesen nuevas. Seguimos caminando hasta que llegamos a los dormitorios, los cuales eran un pequeño cubiculo con un camastro de paja, y una pequeña mesita la cual solo albergaba una candil y su vela, sobre el camastro se encontraba doblado un Kasa ( ropa budista ).
-Si hay algo que pueda hacer para pagar la gratitud que me estáis dando no dude en comunicármelo Prior, será todo un honor. Comente antes de entrar.
El Prior se inclino para despedirse y continuo con su rutina.
Me cambie de ropa y salí a los jardines del monasterio en búsqueda de un sitio para pensar en todo lo ocurrido durante el viaje y descansar antes del almuerzo. Mientras caminaba por el monasterio encontré un pequeño lago en el cual una cascada de algo mas de 10 metros lo surtía abundantemente de agua. Me desvestí y coloque debajo de la misma cascada, el impacto del agua era fuerte y abundante, pero era la idónea para poder relajar los músculos, cuando el sol se encontraba en lo alto volví a vestirme, pues la hora del almuerzo estaba cerca.
El golpear de un gong marcó la hora del almuerzo, me dirigí a los comedores, donde me surtí con pan y una jarra de agua para poder volver a mi habitación y hacer los rezos habituales. Al poco de empezar a rezar, oí como un grupo de personas se acercaban a mi puerta, escuche como hablaban de poner a alguien sobre un camastro, a alguien que había sufrido una caída nada mas llegar al monasterio. Intrigado salí a ver lo que pasaba y estaban metiendo a un Phaeren inconsciente en la habitación contigua a la mía.
Feldaran- Dijo el Prior, el cual se encontraba al final de la fila de monjes- ¿Podrías encargarte de nuestro invitado? A sufrido una pequeña caída.
Será todo un honor Prior-conteste sin vacilaciones mientras el Prior asentía y se alejaba dejándome con un par de monjes que terminaban de colocar las cosas de nuestro nuevo visitante. Les pregunte que le había pasado, y muchos comentaban que se desmayo por el cansancio mientras que el otro hablaba de una pequeña luz que salía de su boca antes de desmayarse. En lo que terminaban de acomodar al Phaeren volví fue a recoger la comida que tenia y fui por un paño limpio y algo de agua para lavar sus heridas.
Cuando ya estaba terminando de limpiarle las magulladuras su cuerpo se tensó como una roca para relajarse rápidamente, en ese momento, pude ver a través de su piel, vi los músculos rodeando los huesos, vi su corazón palpitar y sus pulmones bombeándole aire, vi como sus ojos se movían rápidamente de un lado para otro, sorprendido fui a tocar su piel, para saber si lo que estaba viendo era real o fruto de mi imaginación, y en ese instante su cuerpo volvió a la normalidad y se despertó.

-------- Conversación existente en la historia con YerayNG --------

Estábamos meditando, y note como Az-Goriath se levantaba para irse. Pensé que es posible que se aburriese de estar sentado sin hacer nada, la meditación no es una cosa que le guste a todo el mundo, muchos lo encuentran una perdida de tiempo, aunque también es verdad que yo siempre me la he tomado muy en serie, tal vez demasiado.
Cuando empezó a oscurecer, me levante, ejercite un poco los músculos a partir de unos estiramientos basado en movimientos suaves y volví al comedor a cenar algo.
Había sido un día largo y duro, pero lo que había ganado al llevar a ese lugar y conocer a las personas que conocí no tenia precio. Hacia tiempo que no me sentía tan bien. El Sagrado Monasterio de Théor se merecía la reputación que tenía.
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Itharyel
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Miér Nov 02, 2011 1:33 pm

Turno 2 – Un visitante en la noche

El sol caía lentamente tras el Théor y su sombra se extendía kilómetros hacia oriente y en el Sagrado Monasterio de la Montaña, el silencio reinaba como un atardecer más. En su interior, visitantes y residentes del mismo, terminaban sus meditaciones, reflexiones y estudios, para disponerse a tomar la frugal cena que se servía en el inmenso comedor monástico. El agua, única bebida servida aquella noche, procedía directamente del puro arroyo que caía desde el pico de la montaña, las verduras eran recolectadas por los monjes y el pan horneado en su cocina.

Todo el mundo se acercaba lentamente y en silencio, algunos más orientados que otros, algunos más acostumbrados al lugar.

Az-Goriath, el único Phaeren que se encontraba en aquellas sagradas estancias, había tenido la suerte o desdicha de no haber entrado con buen pie en el lugar, pero rápidamente trabó amistad con un joven monje de otra cofradía, Feldaran. Las palabras de ambos, resultaron curiosas para el otro, pero al menos, tuvieron alguien con quien sentarse cerca aquella noche. A pesar de que el Phaeren intentó encontrar al Prior para tener unas palabras con él, no pudo encontrarlo aquella tarde, hasta la hora de la cena, en donde se posicionaba en su mesa habitual, con el resto de monjes.

Por su parte, el viajero de Oriente, como muchos lo habían apodado en aquellas cortas horas, debido tal vez a que sus ropajes y costumbres, a la par que su forma de hablar y moverse, revelaban que provenía del imperio que se escondía más allá del mar oriental, despejaba su mente de una forma que hacía tiempo que no había logrado despejar y, durante algunas horas al menos, no escuchó ningún susurro, no sintió sed ni hambre, simplemente se encontraba en paz consigo mismo. Cuando el ansia de matar había pasado, quedó en su mente una sensación. Hambre. No la necesidad de alimentarse para continuar con vida, en su lugar, apetencia por comer y disfrutar de la comida, por sencilla que fuera, por lo que se dispuso a acudir al comedor en donde se sentaría sin llamar mucho la atención.

El Prior, cuando consideró que todo el mundo se encontraba presente, se incorporó de su asiento para entonar una canción, en un idioma largo tiempo olvidado, un idioma el cual trajo consigo una visión para Az-Goriath.

En esa visión, un tiempo que ni siquiera los más sabios y conocedores de la antigüedad podrían datar, Az-Goriath veía a miles de Phaeren llorando, por haber perdido algo muy valioso para ellos, por haber perdido su don. A la vez, veía un ser luminoso, como si de un Phaeren de antaño se tratara, atado con cadenas que era liberado y bendecido por alguien. Aquí, la visión acababa de golpe, trayendo de vuelta al Phaeren a la realidad, habiendo notado Feldaran que algo le había ocurrido a su nuevo “amigo”.

Después, tras un tiempo de silencio, la cena comenzaría.


Idrith Nokk – Introducción


-Lo sabrás cuando lo encuentres...

-Lo sabrás cuando lo encuentres...

Esa frase se repetía una y otra vez en la mente del guerrero llamado Idrith Nokk, que tras pasar por una pequeña aldea del reino que tenía por nombre Dhar, el cual tenía por frontera el mismo bosque que separaba el Monasterio de Théor del resto de Shirion.

En su breve estancia en el lugar, Nokk percibió un ambiente bélico, y las habladurías de que el rey Daegan no hallaba la cura para una extraña enfermedad que estaba acabando con la vida de su esposa. Además, eran numerosas las partidas de guerra que se realizaban contra el reino Phaeren de Eltria y contra las tierras de la gran ciudad de Suresh.

Realmente sin saber cómo o por qué, los pasos de Nokk lo llevaron de una manera u otra, a encontrarse, subiendo la falda de una montaña hasta llegar a un Monasterio, en donde pasar la noche.

Quisiera el destino haberlo hecho de esa manera, nunca se sabrá, pero cuando el sol cayó por completo, Idrith echó un último vistazo hacia las tierras del rey Daegan, las cuales quedaban ya a varios kilómetros de distancia, para poder ver, no sin una muestra de sorpresa, cómo un ejército portaba antorchas y caminaba sin duda alguna, en dirección hacia el Monasterio de Théor.

Justo cuando las dos lunas de Shirion comenzaban a vislumbrarse en el firmamento, se encontraba ante unos portones enormes de madera.
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Viciren
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Sáb Nov 05, 2011 11:06 pm

"Esta búsqueda es una pérdida de tiempo. Cada día que pasa me arrepiento más de haberme asociado con esta gente. Pero como negarse ante tal oportunidad? Y más aun cuando he visto de lo que son capaces, de aquello que pueden hacer por mi? Pero el pago por tal colaboración pareciera ser más alto de lo que creí en un principio. Como puedo encontrar algo, cuando no sé que estoy buscando? Tan siquiera me encuentro en el camino correcto? Nunca fui de aquellos que creen en el destino, o una gran y omnipotente mano que guie nuestro camino, pero en estos momentos la idea se me hace atractiva. Por ahora el único compas que poseo es mi intuición, y esta es la dirección que marca. Estoy en lo correcto? Pronto lo sabré. O así lo espero."

Habían transcurrido 2 semanas desde que Idrith llegara a esas tierras. En un principio se había dicho a si mismo que aquel lugar era la cuna de la decadencia. Estaba equivocado. Era mucho peor.

Aquella gente era ignorante, primitiva. Encerrada en su mundo, pequeño como una burbuja, con creencias ridículas y mentes diminutas. Idrith no lograba concebir como podían llevar sus vidas adelante, y sin embargo el libro en su posesión le relataba de grandes hazañas y sabiduría milenaria. De grandes héroes y reinos magnificentes. De magia arcana y dioses ausentes.
Pero el simplemente no lo veía así.

Los locales le habían tratado bien en un principio, algunos llenos de curiosidad por el misterioso forastero, otros más interesados por su robusta bolsa de oro; pero aquello no duro mucho, su actitud, desapego y altanería pronto había alejado a todo cuanto se le acercara. Tanto mejor para él. Había conseguido una habitación en una posada a las afueras del pueblo, la cual agraciaba con su presencia solamente durante las noches. El resto del día se lo pasaba deambulando por los bosques cercanos, hablando con viajeros o indeseables que le proporcionaran noticias o historias inusuales, o simplemente hojeando su libro, aquel del cual no se desprendía en ningún momento.
Si algo le había quedado claro después de todo ese tiempo, era que Shirion comenzaba una era oscura. Guerra y caos acechaban todos los rincones del mundo, y rumores del fin llegaban a sus oídos más de una vez al día. Nadie, ni ningún lugar estaban a salvo. O así lo pensaba hasta que comenzó a oír sobre el Monasterio. Aquel que todas las mañanas veía a lo lejos desde su ventana, y que parecía atraer a todo tipo de visitantes.

Y de tal manera, antes de que se diera cuenta se vio encaminado a tal lugar. En su mente había llegado a la conclusión de que aquel templo se mantenía al borde del conflicto por una razón, o por el contrario, y tal vez sin saberlo, era el mismo ojo del huracán.

El ascenso le resulto escabroso, mas aun ataviado con metal de pies a cabeza, pero aun cuando era obvio que no había nadie alrededor opto por quitársela, sabía lo que podría suceder, y no estaba dispuesto a correr el riesgo de perder su oportunidad por un error estúpido. Y aun así el tiempo extra que tuvo para pensar en su pasado, tan distante ahora, le hizo extrañar los lujos, el poder y todo aquello cuanto quedara atrás.

Cuando finalmente se encontró ante las puertas del monasterio, allí en la cima del mundo, Idrith se permitió por tan solo un instante despojarse de su odio y desdén por aquel lugar y su situación y admiro en silencio el camino recorrido. No podía recordar la última vez que había visto la naturaleza en ese estado tan puro, tan imperturbado por la mano del hombre, tan bello. Quizás aquel lugar no fuera tan terrible después de todo.

Pero aquel momento no duro mucho. Allí, a la distancia, una amenaza al último bastión de paz de Shirion marchaba amparada por la oscuridad de la joven noche. Y con ella, la única pista que tenía se veía bajo peligro.

Sin perder un segundo, azoto la puerta del templo hasta que un joven monje le dio la bienvenida. Saltándose las formalidades le demando que lo llevara ante el líder de la comunidad, y el joven, leyendo la preocupación en su rostro no tardo en guiarlo hasta un enorme comedor, donde aparentemente todos disfrutaban su cena.

- Bienvenido al Sagrado Monasterio de Théor viajero - comenzó a saludar el prior tras intercambiar unas palabras con el monje inquieto – Al parecer no le han quedado claras vuestras intenciones a nuestro hermano, acaso buscas refugio entre nuestros muros?-.

-Prior, refugio es lo último que encontrare aquí esta noche-.


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YerayNG
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Dom Nov 06, 2011 1:13 am

Az-Goriath Naal´shun. Turno 1.

La cena estaba resultando insulsa. No solo por la simplicidad de los alimentos, la exagerada tranquilidad que se respiraba o la extraña emoción de sentirse totalmente fuera de lugar. La mente de A-Goriath estaba extraviada en un mar de pensamientos tan agitado, que nada se veía con claridad. Los recuerdos se confundían con el presente, lo cual es aún más desconcertante cuando los recuerdos pertenecen a otro ser, a otra era. La canción con la que el Prior había dado inicio a la cena era completamente desconocida y a la vez totalmente familiar para el Phaeren. Un idioma desconocido del que entendía cada palabra. Hechos que ocurrieron cuando su alma aún no había nacido, que era capaz de recordar con claridad. Una canción que había encendido una llama en su mente, un fuego abrasador que consumió cada pensamiento y lo traslado a una era pasada, a unos seres casi olvidados, y a un dolor capaz de matar el alma desde dentro. Cuando la visión había terminado, la frialdad y carencia de emoción había vuelto, pero el dolor seguía ahí, escondido, aguardando.

El rápido movimiento de uno de los monjes captó la atención de Az-Goriath. Tras los pasos apresurados del joven, un guerrero se detuvo en el umbral del comedor. El Prior tuvo unas breves palabras con el joven monje tras las que se levantó y pronunció:

- Bienvenido al Sagrado Monasterio de Théor viajero - comenzó a saludar el prior tras intercambiar unas palabras con el monje inquieto – Al parecer no le han quedado claras vuestras intenciones a nuestro hermano, acaso buscas refugio entre nuestros muros?-.

-Prior, refugio es lo último que encontrare aquí esta noche-.

Una extraña sensación de urgencia obligó al Phaeren a levantarse. Un escalofrío recorriendo su espalda, un leve temblor en sus brazos, una sensación de peligro inmediato.
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Itharyel
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Dom Nov 06, 2011 1:52 am

Turno 2 - Bis

La irrupción de Idrith Nokk en el comedor del Monasterio de Théor suscitó un murmullo generalizado en el lugar, pues prácticamente nadie entendía con claridad su mensaje, el Prior incluído.

-Calma, calma...- Decía el Prior con voz grave y sosegada. -Explicaros forastero, estos muros traen la paz y el descanso a todo aquel que desee tenerlo, no debéis temer en nuestros salones.

Tras terminar las palabras, el Prior miraba fijamente a Nokk a los ojos, esperando una respuesta a todo ese alboroto.
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Zerberus
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Lun Nov 07, 2011 11:35 am

-----Mil perdones por no rolear como debe ser, no estoy yo ahora para estas cosas, ------

Feldaran.

Delante de mi se encontraba el primer alimento que podía comer en ese dia y el mas decente desde hace mucho tiempo, en las otras ocasiones donde podía haber ingerido algo siempre había sido interrumpido, cuando por fin iba a hincarle el diente al plato de arroz y verduras un monje entro corriendo y tras el un hombre acorazado, se hizo el silencio, y el hombre acorazado dio una voz de alerta....en mi interior dije: Y una mierdaaaaaa!!!!!!, y comí como si no hubiese mañana.
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Alsharak
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Jue Nov 10, 2011 1:38 am

Gael Than - Turno 2

Silencio.

Única y exclusivamente silencio en su siempre alborotada mente.

Ahora, aquel llamado Gael Than era uno, mente y cuerpo unidos en un solo ser, en armonía perfecta. Sentía cada gota de agua de las fuentes de los Jardines, cada brizna de hierba movida por la escasa brisa, cada insecto que revoloteaba zumbando a su alrededor.

Por primera vez en años, estaba teniendo una tregua, un momento de tranquilidad en la eterna lucha contra su "herencia" maldita, aquel condenado yelmo que seguia oculto en sus aposentos. Por fin, tras un minuto que pareció una eternidad, Gael inspiró con fuerza, y volvió a abrir los ojos.

No pudo evitar que una sonrisa se dibujara entre su descuidada barba de varias semanas, una sonrisa mitad incredulidad, mitad satisfacción personal. Tras largas horas de meditación, la única sensación que podía notar era... hambre.

De modo que sus ligeros pasos lo llevaron al comedor, donde en silencio, se dispuso a comer, disfrutando de la sencilla austeridad de cada plato. Al menos, hasta que las puertas se abrieron, y un extraño entró en la sala.

Sin saber por qué, quizá obedeciendo a un instinto casi inconsciente, Gael se llevó la mano a su obi, el cinturón de seda que sujetaba sus amplios pantalones. Buscaba el familiar tacto de su arma, pero en ese momento se percató de que la había dejado en su habitación.

La voz del prior, resonó entre el sorprendido silencio de los comensales.

- Bienvenido al Sagrado Monasterio de Théor viajero - saludó el monje con su habilidad tono amable. – Al parecer no le han quedado claras vuestras intenciones a nuestro hermano, ¿acaso buscas refugio entre nuestros muros?-.

-Prior, refugio es lo último que encontrare aquí esta noche-.
respondió el extraño.

Gael sintió un escalofrío que surcaba su columna vertebral, pero permaneció en silencio, aunque inquieto sin saber del todo por qué. Se percató de que no era el único, el ser que había llegado junto a él al monasterio, Az Goriath creía que era su nombre, también se había levantado, alterado.

Nuevametne el prior tomó la palabra, interpelando a recién llegado.

Gael, sin poderlo evitar, abriendo y cerrando su puño, siguió sentado, pero con los músculos en tensión, dispuestos a saltar ante la menor señal de peligro.

A fin de cuentas, no necesitaba armas para matar a un hombre....

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Viciren
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Vie Nov 11, 2011 8:11 pm

Idrith se tomo un momento antes de responder al prior. Un momento que no tenia, pero que dispuso de todas formas. Observo cada centímetro del área donde se encontraba, o al menos todo cuando su campo de visión le permitió sin voltearse, no deseaba darle la espalda a aquel que tenía en vilo por una respuesta.

No fue difícil distinguir las expresiones de tensión y nerviosismo entre la multitud, así como tampoco darse cuenta que aquel lugar no estaba realmente habitado por personas que fueran realmente útiles en el arte de la guerra. Creyó ver un par de excepciones, en especial alguien que se había puesto de pie.

Las miradas punzantes le advirtieron que quizás su silencio se había prolongado más de lo debido, de tal manera que eligiendo sus palabras lo mejor que pudo respondió al prior – Si paz y descanso es todo cuanto ofrecen, lamento ser aquel que les informe que tal calma no durara mucho mas- lamento casi instantáneamente no utilizar un tono más relajado de voz, había sonado mas como una amenaza que una advertencia – En este mismo momento, un centenar de tropas se dirigen en esta dirección. Las he visto con mis propios ojos minutos atrás, antes de cruzar sus puertas. Y lamento informarles que sus intenciones no parecen estar relacionadas al descanso. Sugiero que se preparen pues no tardaran en llegar a sus muros…-.

Noto la incredulidad de la mayoría, el prior incluido – Pero no tomen mi palabra por sentado, si tienen alguna duda, basta con que asomen la vista al horizonte- aquella gente parecía altamente pasiva, por lo que no dudaba que la mayoría de ellos no llegaría al final del día. Cualquiera fuera el resultado, su misión acababa de volverse infinitamente mas complicada.
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Itharyel
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MensajeTema: Re: Las Guerras del Mundo - Sombras en la Oscuridad   Dom Nov 13, 2011 5:11 pm

Turno 3 – Aciagas Noticias

Aquel hombre había entrado bruscamente en el comedor del Monasterio de Théor y sus palabras trajeron una sombra más pesada de la que ningún monástico pudiera sostener bajos sus hombros. Ni siquiera el Prior de la Orden, otrore calmado y sereno, pudo ocultar su inquietud.

-Calma hijos míos... Nunca nadie ha osado atravesar estos sagrados muros con la intención de traer muerte y sangre bajo la sombra del Théor.- Sus palabras, pese a ser ciertas, poco consiguieron tranquilizar a nadie, salvo a poco más de media docena de monjes. -Seguro que se trata de algún error o que algún rey se dispone a visitarnos, no hay nada que temer.- Lentamente su voz, comenzaba a titubear. -No obstante, si queréis abandonar este refugio, os encomiendo a que lo hagáis ahora, pues aún falta algo más de una hora para que lleguen a nuestras...

-¡Prior!- Una voz se levantaba sobre el murmullo de la gente. -Este muchacho a llegado a nuestras puertas desfallecido, por lo visto ha llegado corriendo desde la granja de su padre, Talhan, en el linde del bosque, las tropas del rey Daegan arrasan con todo a su paso y su camino los lleva directos a nuestras puertas...- Un muchacho joven, ataviado con las ropas de la orden de Théor, atendía a un muchacho en el suelo mientras hablaba hacia su maestro.

-Hermanos...- El Prior había cambiado por completo su rostro al dirigirse a sus monjes. -Seguidme...- Decía con voz pesada y seria. -Si piensan traer sangre a estas puertas, primero deberán pasar sobre mi cuerpo inerte. -Ahora hijos míos, os recomiendo que os alejéis del Monasterio mientras aún tenéis tiempo, antes de que ese rey loco llegue hasta aquí.- Mientras decía esas palabras, lentamente, muchos de los viajeros comenzaban a salir del comedor con la férrea intención de salir lo antes posible.

Lentamente la calma y orden comenzó a dar lugar a un frenesí por huir del Monasterio antes de que las tropas del reino de Dhar pudieran cortar toda ruta de escape.
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